Un plano de la luna, el sol, el cielo o las estrellas son
los únicos que se pueden ver iguales desde cualquier sitio del planeta. Son la
mirada al exterior de todos los seres humanos, la puerta de casa que se abre
hacia fuera, al jardín y al resto de las extensión infinita. ¿Qué nos relaciona
con eso?¿Dónde estamos situados nosotros? Somos epicentro de nuestros
pensamientos, de nuestra filosofía y conocimientos. Como una pequeña cárcel sin
paredes pero de la que nos negamos a salir, miramos hacia el centro, ignoramos
lo que tenemos a la espalda, como si fuera otro tema, algo que no concierne a
nuestro día a día, a quiénes somos aquí durante nuestras vidas, siendo el mayor
y más absoluto e incontestable interrogante y abarcándolo todo. Hacia allí
deberíamos mirar. Sin preguntarnos por eso no podremos conocer nuestra más
íntima y profunda esencia, seguiremos en una
vida paralela en nuestro micro-mundo donde afectan estas leyes físicas
determinadas y la vida siguió este camino evolutivo. Sin preguntarnos qué es ese
puto espacio donde flota la tierra y que se extiende infinito e indescifrable,
no vamos a saber qué somos. Ese espacio, determina nuestra existencia, no lo
podemos obviar. Es necesidad que miremos allí, que nos busquemos, y la
respuesta no está en experimentos y pruebas científicas, está en nosotros
mismos y en nuestra manera de comprender lo que es, cómo es o quién es.
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