sábado, 23 de junio de 2012

La estatua vivivente


http://www.saberhistoria.com.ar/wp-content/uploads/2010/04/Busto_piedra_Julio_Cesar.jpg
El prólogo de OLYMPIA (1938) es una impresionante lección de cine. Comienza con unos de ruinas griegas, después columnas en pie, a continuación construcciones enteras, que se han mantenido en pie miles de años, comienza a generar un mensaje de fortaleza brutal. A la vez confiere dinamismo y viveza el movimiento de la cámara, que hace parecer que el lugar está en activo aún. No documentan solo el lugar los planos, trata de demostrar que está siendo aún porque permanece por el tiempo. Todo esto se encamina hacia un clímax, trasladar ese tiempo y esa fortaleza a los humanos. Comienza a mostrar planos de estatuas, y aquí hay una técnica muy interesante para dotar de vida a objetos o estatuas inanimados.
Si te propones generar en una estatua un efecto de negación con la cabeza, por ejemplo, en el busto de Julio César. Estudiamos con una persona real cómo cambian las sombras al efectuar la negación en un plano idéntico y cómo cambia la perspectiva de la cámara con respecto a su cara. Al grabar la estatua movemos la cámara y la luz a la vez creando el efecto que produciría si fuera la estatua la que se moviera.
Este es un recurso que utiliza o eso creo Leni Riefenstahl en la secuencia de las estatuas, por lo menos eso parece en algún plano. Hace viva su inmortalidad, primero con la cámara, acercándonos a la fortaleza y dureza de esos hombres, y después hace una maravillosa transición a seres humanos reales con el lanzamiento de disco. Una obra de artes. Más tarde, una secuencia de la llama olímpica del nazismo alemán atravesando los países que eran y serían de Alemania, todo una terrible apología, pero tan jodidamente bien hecha...

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